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La Diáspora Cubana

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La Diáspora Cubana

El término diáspora, a partir de su etimología griega (dia – através y sperien – sembrar o desparramar semillas), se ha usado históricamente para referirse a las comunidades desplazadas de las tierras que ellas siguen identificando como originarias. Aunque según el investigador Iñigo Sánchez Fuarros, este concepto estuvo asociado casi exclusivamente con experiencias traumáticas de desarraigo y en la contemporaneidad es que abre su diapasón y se vincula con conceptos como los de globalización y transnacionalismo. (Iñigo Sánchez Fuarros: “Habana-Barcelona” La manufactura de un espacio de ocio cubano en Barcelona, pp. 19, inédito). La relación entre diáspora, globalización y transnacionalismo, está dada fundamentalmente en que dependen de movimientos y comunicaciones que cruzan fronteras nacionales. Diáspora incluye también las categorías migratorias: exilio, inmigración y expatriación en el fenómeno político de mantener lazos culturales con el país de origen. (Tanya N. Weimer: La Diáspora cubana en México: Terceros Espacios y miradas excéntricas, p. 1). El escritor Rafael Rojas, por ejemplo, no observa una relación excluyente entre las categorías diáspora y exilio porque la primera la considera como el conjunto de todos los espacios migratorios, mientras la segunda se refiere a un tipo específico de emigración: aquella que concibe el éxodo como destierro nacional, como viaje hacia la oposición política. (Rafael Rojas, Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano, p. 419.) Otros especialistas como la mexicana Tanya N. Weimer plantean que la diáspora generalmente tiende a crear lazos afectivos y es una manera de comprender la cultura como un collage, una compilación de fragmentos dispersos por el globo. Diáspora es un término inclusivo y comprende toda la heterogeneidad posible. Así como también admite las diferencias que se manifiestan cuando los términos de la hibridación varían de una circunstancia a otra. Las circunstancias y tensiones políticas, históricas, sociales y lingüísticas de individuos y comunidades crean permutaciones que se relacionan sobre la base de una conciencia individual de pertenecer a una cultura determinada. La experiencia de la diáspora se enfrenta en todo momento a las definiciones binarias del mundo, ya que crea dos grupos (o más) que reclaman derechos de soberanía sobre un mismo territorio aunque alguno participe en el debate desde afuera. La identidad diaspórica se basa en la relación con un origen y aún cuando se mantiene relación con ese origen, este puede figurar como perdido. A veces, para los que se quedan en el lugar de origen, los otros (la diáspora) están “contaminados” por su nuevo lugar de posicionamiento. La emigración cubana data del siglo XIX, entre 1860 y 1869 las estadísticas del US Deparment of Homelamd Security registran una entrada a territorio norteamericano de 3420 cubanos. Sin embargo, en la década posterior, con la Guerra de independencia, esta cifra se incrementó a 8705. Y así continuó increscendo con la Guerra del 95, esa década registró números de 23 669. En el periodo republicano la emigración cubana descendió notablemente. Pero tras el triunfo revolucionario esto volvió a incrementar. No obstante, en 1973 EEUU cancela el puente aéreo entre ambos países provocando una ruptura del flujo de cubanos hacia Norteamérica. Por tanto se amplían las salidas ilegales por mar, así como la acogida por las autoridades migratorias norteamericanas de cubanos que llegaban por vía marítima. Este fue parte del escenario que propició los acontecimientos del Mariel en 1980. Uno de los sucesos más importantes dentro de la historia de la migración cubana. El puerto del Mariel se abrió unilateralmente para que los cubanos residentes en el exterior regresaran a buscar a sus familiares. A unos 125 000 se les permitió salir para exiliarse en EE.UU. Pero las oleadas migratorias alcanzan su clímax en 1994 con el éxodo de “los balseros”. Este acontecimiento transformó, a nivel social y familiar, la idea que se tenía de los emigrados considerados hasta entonces como escorias, antisociales, gusanos. Se dio una relativa apertura para salir del país, de forma legal e ilegal, a personas pertenecientes a distintos sectores socio-profesionales de la sociedad. Matrimonios y contratos de trabajo, entre otras, se convierten en las vías más recurrentes para la emigración en este período. Tal como apunta Nara Araujo (2007) la intensificación del fenómeno migratorio cubano en los noventa se comienza a mirar desde una perspectiva transnacional. Se inserta el término de diáspora en los estudios culturales en la Isla, para tratar la idea de una Cuba portátil que se expande hacia los Estados Unidos y otros territorios de Europa y América. Todo ello se vincula también con las inquietudes del posmodernismo puestas en boga. Además de las cuestiones transnacionales empezaron a reconceptualizarse las nociones de identidad nacional y el impacto de los procesos de globalización; se desarrollaron debates sobre la sociedad civil y se profundizaron las investigaciones en torno a la emigración y a la cultura cubana producida por los emigrantes. Mas la pandemia de Covid vino a superar todas las crisis migratorias antes vistas. “Es un momento de colapso económico, social y político, que ha vuelto imposible la vida dentro de Cuba” dice Hilda Landrove, investigadora cubana de la Universidad Nacional Autónoma de México. “Además desde noviembre de 2020, cuando comenzaron a gestarse los movimientos de protestas que culminaron en las manifestaciones del 11 de julio, la represión arrecia en la isla, en muchos casos el gobierno facilitó la salida y en otras ocasiones, la opción era marcharse del país o ir a la cárcel”. Desde nov de 2021 que se eliminaron las visas a Nicaragua para los cubanos, el país centroamericano se convirtió en el puerto de partida en la ruta hacia EE.UU. Pasando por Honduras, Guatemala, El Salvador y México, exponiéndose al tráfico de personas, violaciones, asesinatos, ahogamientos, etc. Arriesgando la vida de ancianos y niños, impedidos físicos… lo que demuestra el nivel de desesperación que se vivía en la Isla. Los cubanos llegaron a pagar hasta 6000 dólares por un pasaje a Nicaragua, y el total de dinero que costaba la ruta era entre 10 000 y 15 000 dólares por persona, ya que había que pagar por los salvoconductos para transitar por los países latinoamericanos y a los” coyotes” ( RAE. Persona que se encarga de hacer trámites, especialmente a los emigrantes que no tienen los papeles en regla, mediante una remuneración. ) que los llevaban de un punto a otro, además de a cualquier maleante o policía que los quisiera extorsionar. Hasta mediados de 2022 se reportaba el éxodo de 180 000 personas desde Cuba, hacia EE.UU. de forma ilegal por la frontera mexicana a través de la ruta de los volcanes, 8000 lo intentaron por vía marítima. La mayor emigración de la historia de Cuba. Por suerte, el 6 de enero de 2023 Baiden puso en vigor el Título 42, una órden de los años 40 rescatada por Trump para expulsar a los emigrantes que pudieran trasmitir enfermedades en EE.UU, interrumpiendo así el negocio de tráfico de personas por Centroamérica y la frontera Mexicana; Y promulgó la nueva ley de Parole Humanitario que permitiría la entrada al país de forma legal y segura a 30 000 personas entre cubanos, venezolanos, nicaragüenses y haitianos. Aunque para algunos la situación económica y social en Cuba se ha recuperado un tanto, para otros sigue siendo insostenible garantizar el sustento diario así como el acceso a los recursos médicos y de instrucción de calidad. Por tanto los fenómenos diaspóricos continuarán suscitándose por los siglos de los siglos… La buena nueva es que tras la pandemia de Covid 19 Cuba ha congelado su resolución de privar de deberes y derechos, así como de la residencia, a los cubanos que permanecieran más de 23 meses en el extranjero sin regresar a Cuba. Ojalá y ese fuera el inicio de desdibujar límites y fronteras. Que sea libre la decisión de identificarse como cubano y las relaciones que los emigrados puedan tener entre sí y con su Cuba.

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